Cómo mostrar precios en tu web (y cuándo te conviene hacerlo)
- Por
- Juan Navarro
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- 8 min
- Publicado
- 30 de septiembre de 2026
Precio cerrado, «desde», tramos, paquetes o «a consultar»: cada fórmula atrae a un tipo de cliente y filtra a otro. Cómo elegir la tuya y presentarla con claridad.

Hay una pregunta que me hacen en casi todos los proyectos web en algún momento de la primera reunión: «¿Ponemos precios o no?». Normalmente viene acompañada de un poco de miedo. Miedo a espantar, a que la competencia copie, a quedarse atado a una cifra. Y es una duda razonable, porque el precio es probablemente el dato que más se busca en una web de servicios y, a la vez, el que más cuesta escribir.
Mi opinión, después de muchos proyectos, es que casi siempre compensa dar alguna orientación de precio. Pero «poner precios» puede significar cosas muy distintas, y la manera de hacerlo cambia tanto el resultado como la decisión en sí.
01Publicar precios o no: qué se gana con cada opción
Cuando alguien visita tu web buscando un servicio, tiene en la cabeza una pregunta muy práctica: ¿esto está a mi alcance? Si no encuentra ninguna pista, tiene dos caminos. Escribirte para preguntar o irse a otra web donde sí lo pone. Una parte escribe. Otra parte, sencillamente, sigue buscando.
Publicar precios hace de filtro, y eso es bueno. Las personas que te contactan después de haber visto una cifra llegan con la expectativa ajustada, y la conversación empieza en otro punto: ya no se trata de si pueden permitírselo, sino de qué necesitan exactamente. En el estudio lo notamos mucho. Las consultas que llegan después de ver los precios orientativos son más concretas y suelen avanzar más rápido.
No publicarlos también tiene su sentido en algunos casos. Si cada proyecto es completamente distinto, si trabajas con encargos de gran tamaño o si tu venta depende mucho de una conversación previa para entender el problema, un precio en la web puede quedarse corto y confundir. Lo que no funciona es el silencio total: una web sin ninguna referencia económica obliga al visitante a dar un paso (escribirte) que todavía no está listo para dar.
Clave: un precio bien presentado ayuda a que la persona adecuada se sienta cómoda dando el siguiente paso, que es justo lo que se le pide a esa parte de la web.
02Cinco maneras de enseñar un precio
No hay una fórmula mejor que otra en abstracto. Cada una dice algo diferente de tu negocio y atrae a un tipo de cliente distinto.
Precio cerrado
Una cifra concreta para un servicio concreto. Es la opción que más tranquilidad da, porque el cliente sabe exactamente lo que va a pagar. Funciona muy bien en servicios estandarizados: una sesión, un pack de fotos, una revisión técnica. Su límite está en la flexibilidad. Si en la práctica cada encargo acaba siendo distinto, te verás explicando una y otra vez por qué tu caso cuesta más de lo que pone.
Precio «desde»
Indica el punto de partida y deja claro que el precio final dependerá del alcance. Es la fórmula más habitual en servicios creativos y profesionales, y bien usada es muy honesta. La condición es que el «desde» sea real (que haya encargos que de verdad cuestan eso) y que expliques qué hace que el precio suba. Un «desde» que nadie paga nunca acaba generando desconfianza.
Tramos o rangos
«Entre tanto y tanto». Orienta más que el «desde» porque marca también un techo aproximado, y ayuda a quien necesita llevar una cifra a su jefe o a su socio. Funciona bien cuando los proyectos se mueven dentro de un margen conocido. Si el rango es enorme, en cambio, pierde utilidad.
Paquetes o planes
Varias opciones cerradas con contenidos distintos, normalmente presentadas en una tabla. Facilitan la decisión porque convierten un servicio abstracto en algo comparable. A cambio, exigen pensar muy bien qué entra en cada paquete y para quién está pensado. Un paquete que nadie elige es una pista de que algo no encaja.
«A consultar»
Es la opción que menos orienta. Tiene sentido en productos muy a medida o en servicios donde el precio depende de variables que el cliente todavía no conoce. Si la usas, intenta acompañarla de algo: un ejemplo de proyecto con su orden de magnitud, una explicación de cómo se calcula el presupuesto o un compromiso de respuesta rápida. «Consultar» a secas suena a que el precio cambia según quién pregunte, aunque no sea así.
03Cómo presentar una tabla de precios que se entienda
Cuando decides mostrar paquetes o servicios con cifras, el diseño de esa tabla importa casi tanto como los números. He revisado muchas webs donde los precios eran razonables y, sin embargo, la tabla daba sensación de caro, de confuso o de letra pequeña. Casi siempre por las mismas razones.
Qué incluye, en lenguaje de cliente. Cada opción debería explicar lo que la persona recibe, dicho como lo diría ella. «Hasta 5 páginas diseñadas a medida» se entiende. «Módulo de maquetación avanzada» no tanto. Si un concepto necesita explicación, mejor una línea de texto que un icono de interrogación con un tooltip escondido.
Qué no incluye. Esta parte suele omitirse por miedo a que reste, y es justo lo contrario. Decir con naturalidad que el dominio y el alojamiento van aparte, o que los textos los aporta el cliente, evita malentendidos después. La transparencia en lo que no está incluido hace más creíble todo lo que sí lo está.
El IVA, siempre visible. Si tus precios son sin IVA, ponlo pegado a la cifra, no en una nota al pie. Si vendes a particulares, lo más claro es mostrar el precio final. Que alguien descubra un 21 % de más en el presupuesto no es una buena forma de empezar una relación.
Un anclaje honesto. Colocar una opción más completa al lado de la intermedia ayuda a entender el valor de cada una; es una forma legítima de dar contexto. Lo que no recomiendo son los precios tachados inventados o un plan «premium» que existe solo para que el otro parezca barato. La gente lo detecta, y lo que se gana en un clic se pierde en confianza.
Una opción destacada, no tres. Si marcas un plan como «el más elegido», que sea porque lo es o porque de verdad es el que recomiendas a la mayoría. Y que sea solo uno. En el móvil, además, la tabla debe convertirse en tarjetas que se leen de arriba abajo, no en una cuadrícula diminuta que obliga a hacer zoom. Si quieres profundizar en cómo se ordena una página para que guíe hacia la acción, en la guía sobre la anatomía de una landing page lo explico con más detalle.
04El texto que acompaña al precio
Una cifra sola dice muy poco. Lo que hace que un precio se perciba como justo es el texto que tiene alrededor, y ahí es donde muchas webs se quedan a medias.
Antes del precio, conviene recordar qué problema resuelves y para quién. Una frase basta. «Para negocios que necesitan una web propia, clara y fácil de mantener» prepara al lector para entender la cifra que viene después.
Junto al precio, lo útil es explicar qué lo hace variar. Por ejemplo: «El precio final depende del número de páginas, de si necesitas tienda online y de si partimos de una identidad ya hecha». Con eso, quien ve un «desde» entiende hacia dónde puede moverse su caso sin necesidad de preguntar.
Después del precio, el siguiente paso. Aquí funciona mejor una invitación concreta que un genérico «contacta con nosotros». «Cuéntanos tu proyecto y te enviamos un presupuesto cerrado esta semana» da una expectativa clara, siempre que sea un plazo que de verdad puedas cumplir. Si el paso siguiente es un formulario, que sea corto; en la guía sobre formularios que se rellenan hay ideas para que ese último tramo no se atasque.
Y un detalle de tono: evita disculparte por el precio. Frases como «sabemos que puede parecer mucho, pero…» ponen al lector a la defensiva antes de tiempo. Es mejor explicar con tranquilidad lo que incluye y dejar que el valor hable.
05Cómo lo hacemos en el estudio
En SIMA publicamos precios orientativos con la fórmula «desde», todos más IVA. En diseño web, por ejemplo, una landing parte desde 1.400 €, una web esencial de hasta cinco páginas desde 2.900 € y una web corporativa a medida desde 5.000 €. En branding, el logo con una identidad esencial parte desde 1.200 € y un branding completo desde 2.900 €. Lo verás en las páginas de diseño web y de identidad de marca.
Elegimos el «desde» porque ningún proyecto es igual a otro, pero tampoco nos parecía justo obligar a nadie a escribirnos para saber si estamos en su rango. Cada cifra va acompañada de lo que incluye ese punto de partida, y el presupuesto final se cierra después de entender el proyecto. Si quieres saber más sobre qué hace que una web cueste lo que cuesta, en cuánto cuesta realmente una web bien hecha lo desgloso con calma.
Al final, la decisión de cómo mostrar tus precios depende de cómo vendes, a quién y de cuánto se parece un encargo al siguiente. No hay una fórmula universal, pero sí un criterio que funciona casi siempre: que la persona que llega a tu web pueda hacerse una idea honesta de lo que cuesta trabajar contigo antes de escribirte. Si estás replanteando la web de tu negocio y quieres pensar cómo encajar esta parte, escríbenos y lo vemos juntos.

Juan Navarro
Fundador y director creativo de SIMA, en Estepona. Más de 25 años dando forma a marcas, webs y espacios.
Preguntas
al margen.
Las dudas que suelen aparecer después de leer esta guía.
Hacer una preguntaPierdes, sobre todo, conversaciones que no iban a acabar en encargo. Quien ve el precio y sigue adelante llega con la expectativa ajustada, y eso suele hacer que las llamadas sean más cortas y más productivas. Lo que conviene cuidar es cómo se presenta: un precio sin contexto asusta más que uno bien explicado.
Depende de lo estandarizado que sea tu servicio. Si siempre entregas lo mismo, el precio cerrado da mucha tranquilidad. Si cada encargo cambia según el alcance, el «desde» orienta sin comprometerte a una cifra que luego no puedes sostener, siempre que expliques qué hace que el precio suba.
Si vendes sobre todo a particulares, lo natural es mostrar el precio final con IVA incluido. Si tus clientes son empresas y autónomos, es habitual mostrarlo sin IVA, pero indicándolo siempre de forma visible junto a la cifra («+ IVA»). Lo importante es que nadie tenga que adivinarlo.
Tres suele ser un buen punto de partida porque se comparan de un vistazo. Con dos se queda corta la elección y con más de cuatro la gente empieza a dudar. Más que el número, importa que cada opción esté pensada para un tipo de cliente reconocible.
Entonces te conviene una fórmula flexible, como el «desde» o los tramos, y una web en la que puedas actualizar las cifras tú mismo sin depender de nadie. Un precio desactualizado genera más fricción que no tener precio publicado.


